Cuando se trata de rejuvenecimiento facial y tratamientos estéticos, dos de los procedimientos más solicitados son la toxina botulínica y el ácido hialurónico. Aunque ambos son inyectables y ayudan a mejorar la apariencia de la piel, sus usos y efectos son completamente diferentes. Elegir el adecuado dependerá de las necesidades de cada paciente y de la recomendación de un especialista.
Ambos tratamientos ofrecen resultados visibles y naturales, pero actúan de manera distinta.
La toxina botulínica es ideal para tratar arrugas de expresión causadas por el movimiento repetitivo de los músculos faciales. Se recomienda para:
El efecto de la toxina botulínica suele durar entre cuatro y seis meses, por lo que es necesario reaplicarla periódicamente para mantener los resultados.
El ácido hialurónico es la mejor opción para quienes buscan recuperar volumen y mejorar la hidratación de la piel. Se usa principalmente para:
Dependiendo de la zona tratada, los efectos del ácido hialurónico pueden durar entre seis y dieciocho meses, ya que es una sustancia biocompatible que el cuerpo reabsorbe gradualmente.
Sí, de hecho, la combinación de toxina botulínica y ácido hialurónico es una de las mejores estrategias para lograr un rejuvenecimiento facial integral. Mientras la toxina relaja los músculos y previene la formación de arrugas, el ácido hialurónico aporta volumen y mejora la hidratación de la piel.
Ambos tratamientos son altamente efectivos, pero cada uno tiene una función diferente. La mejor manera de saber cuál es ideal para ti es mediante una consulta de valoración, donde analizamos tu rostro y diseñamos un plan de tratamiento personalizado. Si buscas un tratamiento de rejuvenecimiento facial integral, consulta con nosotros.